Fundación Alem

La peor crisis es la educativa

Estancamiento, segregación y alejamiento de la región y del mundo. Comentario de la Fundación Alem a los resultados de las pruebas PISA.

Los resultados de Argentina en las pruebas PISA desmontan la narrativa de un sistema educativo de excelencia que simplemente padece desigualdades. La realidad es un estancamiento en niveles críticos de aprendizaje. En comparación con la región y el mundo, el país se ubica en los escalones inferiores de América Latina y a una distancia abismal del promedio de la OCDE.

Esta gravedad es especialmente notoria en Matemática: más del 70% de los estudiantes de 15 años no alcanza el Nivel 2 de competencia, la barra mínima para desempeñarse de manera autónoma en la sociedad moderna.

Argentina padece una anestesia estructural donde las brechas de rendimiento se amplían en el piso inferior de los resultados aceptables y no en un espectro de excelencia.

Uno de los resultados más contundentes radica en la desmitificación del sector privado como garante de calidad o refugio educativo. Al aislar la influencia del nivel socioeconómico de las familias, se desvanece la aparente ventaja de rendimiento de las escuelas privadas sobre las públicas. La diferencia de puntajes entre ambas gestiones, la pública y la privada, responde a un proceso de selección social: Las familias de mayor poder adquisitivo acceden, más que a una educación de alto nivel, a un entorno social homogéneo. La mayor calidad atribuida a la educación privada es una ilusión sostenida por el origen socioeconómico de sus alumnos.

Esta dinámica de selección alimenta una segregación entre sectores sociales que confina a los estudiantes más vulnerables a escuelas con menores recursos y profundiza la polarización del sistema. Sin embargo, un fenómeno alarmante es el “techo bajo” que afecta a las propias élites del país: al comparar los resultados internacionales por nivel de ingresos, un alumno argentino perteneciente al 20% más rico obtiene en Matemática un rendimiento equivalente al del quintil más pobre de países de la OCDE como Turquía, Estados Unidos o Francia.

La crisis del sistema educativo argentino es de naturaleza sistémica; la segregación margina a los sectores más postergados en el fondo de la escala, mientras que el sector privado y los sectores de mayores recursos quedan atrapados lejos de los estándares globales básicos.

Este panorama representa una alerta urgente y grave para las políticas públicas. Detrás de los números hay adolescentes de 15 y 16 años que están a punto de egresar de la escuela secundaria y que deberían contar con las herramientas fundamentales para finalizar sus estudios, proyectar una formación superior, insertarse dignamente en el mundo del trabajo y, sobre todo, ejercer una ciudadanía plena, caracterizada por el pensamiento crítico, la autonomía y la libertad.

Garantizar este piso de capacidades esenciales para las futuras generaciones no es un dilema que la oferta y la demanda o las fuerzas del mercado puedan resolver por sí solas, sino una responsabilidad indelegable del Estado y del conjunto de la sociedad.

Ratificamos nuestra convicción histórica de que la educación pública, gratuita y de calidad es el cimiento sobre el cual se construye la vida democrática. Frente a quienes pretenden reducir la enseñanza a una transacción mercantil o resignarse a la mediocridad, reafirmamos que el conocimiento es el único motor transformador capaz de garantizar el desarrollo personal, social y económico dentro de una comunidad integrada con igualdad de oportunidades para todos, sin que nadie quede atrás. Reconstruir el sistema educativo es un mandato ético con el futuro de los argentinos.