Fundación Alem

Etiquetado frontal: un activo de salud pública

El etiquetado frontal salva salud. Permite saber de un vistazo qué productos tienen exceso de azúcar, sodio, grasas o calorías. Protege a niñas y niños frente al marketing de ultraprocesados y fortalece la libertad de elegir con información clara. Derogar o debilitar esta ley sería retroceder en prevención, transparencia y cuidado de la infancia.

El 41,1% de nuestra población pediátrica tiene exceso de peso. Este fenómeno representa una emergencia sanitaria silenciosa que deriva en el aumento de enfermedades crónicas. La prevalencia de hipertensión arterial, niveles anormales de lípidos (grasas) en la sangre y resistencia a la insulina en estadios tempranos del desarrollo biológico pone en riesgo la vida futura, y la calidad de vida, de niñas y niños.

La Ley de Etiquetado Frontal (Ley 27.642) constituye una intervención basada en evidencia. Está diseñada para corregir la asimetría de información que ha caracterizado al mercado de ultraprocesados. Y se probó como exitosa en muchos países que aplicaron medidas similares de manera sostenida.

La infancia como ventana biológica única

La infancia representa una “ventana única” de oportunidad. Durante los primeros años de vida el organismo está en un proceso acelerado de desarrollo, donde la calidad de los nutrientes marca el futuro metabólico de una persona.

Es fundamental fomentar la disponibilidad de alimentos con alta densidad nutricional —aquellos que aportan una mayor cantidad de vitaminas, minerales y nutrientes esenciales en relación con su aporte calórico—, ya que lo que un niño consume en el presente programa biológicamente su salud futura.

Los sellos de advertencia facilitan esta tarea al permitir que las familias identifiquen y seleccionen, de forma simple y rápida, aquellos productos que realmente aportan valor nutricional frente a los que solo ofrecen calorías vacías.

El derecho a la información como garantía sanitaria

Todos tenemos derecho a la libertad de elección. Y esto es posible con información clara. Sin información visible, simple y comparable, no hay verdadera libertad de elección.

Los sellos de advertencia funcionan como un mecanismo de estandarización. Permiten una lectura rápida y sin sesgos de los excesos críticos. La evidencia internacional es concluyente: estas políticas reducen la compra de productos con exceso de azúcares, sodio y grasas saturadas. Mitigan el riesgo de enfermedades crónicas, cuyo costo de tratamiento posterior es significativamente mayor que el costo de oportunidad de la prevención.

La protección de la infancia

El etiquetado frontal es también una política de protección de las infancias y adolescencias frente a estrategias comerciales especialmente diseñadas para capturar su atención, moldear preferencias tempranas y naturalizar el consumo habitual de productos con exceso de azúcares, sodio, grasas o calorías.

Un niño no está en igualdad de condiciones frente a campañas publicitarias, personajes, promociones, envases atractivos y mensajes que asocian productos de baja calidad nutricional con diversión, pertenencia o recompensa. El etiquetado frontal hace a las niñas y niños menos vulnerables.

El rol de las PyMEs: competitividad e innovación técnica

Entendemos las dificultades operativas que las PyMEs enfrentan ante nuevas exigencias. Pero la solución no es hacer retroceder una norma exitosa. Es aumentar la eficiencia:

  1. Reconversión productiva: El Estado debe priorizar la asistencia técnica para la reformulación. Ayudar a una PyME a reducir sus excesos nutricionales —a través de créditos blandos y asesoría técnica— es una inversión en salud y modernización industrial.
  2. Desburocratización: La simplificación del etiquetado y la agilización de certificaciones reducirían los costos indirectos, permitiendo que la PyME se enfoque en la calidad nutricional y no solo en la gestión administrativa.
  3. Armonización técnica regional: Proponemos una estrategia activa en el Mercosur para liderar estándares nutricionales claros. Esto posicionaría a nuestros productos con un sello de transparencia, facilitando la exportación a mercados internacionales exigentes.

Conclusión: un enfoque pragmático para el futuro

La salud pública es un activo estratégico. Eliminar el etiquetado frontal sería un retroceso en la capacidad de los ciudadanos para tomar decisiones informadas y una pérdida de protección para nuestra infancia.

Desde la Fundación Alem abogamos por un camino superador: fortalecer la soberanía informativa y dotar a nuestras PyMEs de los recursos necesarios para liderar un mercado de alimentos más sano, competitivo y transparente.

La salud del futuro se construye hoy. A los niños se los defiende ahora. Mediante la convergencia entre la ciencia, la responsabilidad del Estado y el potencial de nuestros productores.