Del paternalismo a la confianza en la responsabilidad individual y social

05/06/2020

Veinte puntos para salir estratégica y ordenadamente de la cuarentena
Como señalamos hace un mes en Salir pronto y de manera ordenada, es imprescindible y urgente trazar un plan que reconozca que estamos viviendo y que vamos a vivir en una situación de alta incertidumbre y de suma gravedad en el plano económico y social, pero que proporcione una guía, lo más clara posible, para la acción colectiva e individual. El plan puede ser revisado y las estrategias pueden ser modificadas, pero hay que empezar por tener una hoja de ruta que explicite criterios y orientaciones que acoten la incertidumbre.
 
Insistimos en la necesidad de una mirada integral y en la necesidad de que las decisiones fundamentales sean discutidas en el Congreso. Nuestro punto de partida es la convicción de que el modo de abordar los desafíos abiertos por la pandemia del COVID 19 está agotado y que es necesario adoptar un enfoque que tome en consideración de manera conjunta los aspectos sanitarios, económicos, sociales e institucionales.
 
Este plan tiene que superar el paternalismo gubernamental y confiar en la responsabilidad social de la ciudadanía. La prolongación del estado de excepción -cuyas aristas represivas se vienen intensificando en las últimas semanas- no tiene justificación: es imprescindible normalizar ya el funcionamiento del Congreso y de la Justicia.
 
Desde el punto de vista de la gestión sanitaria de la crisis, el documento parte de la necesidad de cambiar el modelo de aislamiento para pasar a formas de distanciamiento social voluntario, con segmentación por grupos de riesgo y territorial, normalizando en las regiones sin circulación o con baja circulación de virus, modificando el actual esquema de asesoramiento experto, mejorando la cobertura, calidad y acceso de las estadísticas sobre la epidemia, testeando, rastreando y aislando de modo sistemático y monitoreando la apertura con un esquema valvular intermitente. Asimismo, recomienda enfáticamente atender la cuestión de la agudización de los problemas de salud mental, ampliar las salidas recreativas de niñas, niños y adolescentes, cuidar al sistema y al personal de salud e iniciar lo antes posibles las clases.
 
Una de las consecuencias más serias de la construcción del antagonismo “vida o economía” es que termina por ser creído por los que lo enuncian. El gobierno prefiere no hablar de los impactos económicos y sociales de su política sanitaria, como si los problemas se solucionaran por la vía de quitarles legitimidad en el discurso. Las estimaciones negativas sobre la situación de la producción y el empleo que realizamos hace un mes se han confirmado, al tiempo que crecen los problemas que todos los días tienen las empresas de todo porte y sector y los trabajadores formales e informales. Es preciso poner en primer plano todos estos problemas y llevar adelante una política concertada para reactivar la economía y trabajar en la recuperación del empleo. Dos cuestiones de corto plazo aparecen como prioridades para empezar a darle condiciones básicas de previsibilidad a la economía: la rápida finalización de la negociación de la deuda externa y el envío al Congreso de la ley de Presupuesto.
 
El federalismo es otra de las víctimas del abordaje oficial. Las provincias han perdido capacidades de manejo de la emergencia en su territorio. Un problema extremadamente serio que el gobierno nacional no está encarando de la manera adecuada -es decir, con reglas claras y manejo no discrecional- es el de la relación fiscal entre Nación, provincias y municipios. La abrupta caída de la actividad tiene un impacto directo sobre los ingresos fiscales nacionales, provinciales y municipales. Provincias y municipios no tienen capacidad de endeudarse ni posibilidad de emitir dinero, lo que sí puede hacer y está haciendo el gobierno nacional. Esta asimetría pone a provincias y municipios bajo el arbitrio del Poder Ejecutivo Nacional.